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domingo, 12 de abril de 2026

REMEMBRANZAS - Gerardo Martínez - 1928 -

 

REMEMBRANZAS  

Gerardo Martínez


    Aún resurgen en mi mente los últimos recuerdos como un vago rumor que se extingue allá lejos, muy lejos, en las lejanías brumosas de horizonte, dejando en el alma exhausta ya de viejas y lacerantes impresiones, el deleite y la dulzura que produce el recuerdo imborrable de la primera edad, el ritmo dulce y suave, la caricia amorosa que deja en el espíritu la huella indeleble de los años mozos.

    ¡Con cuánta emoción recordamos las dianas, los toques de corneta, el redoble pujante del tambor, el coche engalanado que, arrastrado por briosos caballos conducía lujosamente ataviadas bellísimas mujeres, aristocráticas damas, adornadas con las ricas preseas de su regia hermosura, con los esplendores de su gracia palpitante, ruidosa, juvenil…! Pero al detenernos un tanto escépticos y pasar decepcionados minuciosa revista por el decurso de los años, una perplejidad amenazante nos detiene también ante el nuevo espectáculo del mundo moderno haciéndonos contemplar abstraídos, la alegría de sus fiestas, el brillo inusitado de sus distracciones, la subyugante estridencia de sus ruidos, la sublime algarada… en fin, muy superior en grado sumo a aquellos tiempos de la célebre pita y el clásico tambor.

    A todas las latitudes, a todos los pueblos ha llegado insensiblemente este refinamiento del popular festejo; medio seguro y eficaz para fomentar la riqueza con la creciente y segura afluencia de forasteros.

    Y he aquí, lector, cómo percatado de este extremo este pueblo oculto en el más recóndito escondrijo de  la Mancha, sacude su pesado yugo, sale de su yacente marasmo y lleno de savia, pletorizado a la vez de justificada ilusión, rompe férreos grilletes, destierra la antigua rutina y este año, con nuevos bríos y con esfuerzos nuevos, se lanza a la conquista y como en un rasgo apoteósico de suprema grandeza se dispone decididor y valiente a celebrar su fiesta anual.

    Con él, la vetusta tradición reaparece como fantasma insospechado; resucitando remembranzas de otros tiempos, al grito resonante y poderoso de la vieja costumbre juntamente con la herrumbrosa y sensible añoranza.

    Con él se enlazan gozosos, el presente con sus galas de novia desposada y el pasado con todo su cortejo de melancolías y rancias tradiciones; siendo como película sagrada que rápidamente va apareciendo en el kaleidoscopio de nuestra mente, significando con manifiesta virilidad, el correr y el jugar, el llanto y la risa, de tiempos seculares, en que la privación del juguete apetecido nos producía el dolor implacable, la congoja irremisible y el constante llorar…

    ¿Quién no lo recuerda…? Pero la inesperada y franca aparición del abuelito con el regalo de ferias; la muñeca riente o el caballo de cartón, ponía fin a nuestras amarguras, al secar las lágrimas que surcaban nuestras rosadas y tersas mejillas, trocaba en gozo la tristeza e inundaba de placer las plácidas horas de nuestra infancia.

     Tiempos de fiesta, días agradables de diversión recuerdo latente que rememora la dulce y repetida añoranza del ayer finado, como maravillosa cinta cinematográfica donde se agolpan en confuso tropel los padres, los hijos, los hermanos, pariente y amigos; todos en fraternal y franca camaradería y todos con la alegre placidez que produce una innegable felicidad, exteriorizan su júbilo; júbilo cuya rememoración como fin de festejos y colofón de fiestas, es florón terminal, digno remate que al enlazar el presente con el pasado engendra, como extraño fenómeno, como línea generatriz, un airón glorioso de sugestiva y tierna evocación.


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