La
fiesta aldeana prometía ser, por su preparación y entusiasmo reinante, una de
las mejores celebradas en el poblado.
El verdoso lugar de la
acción y minúsculo pueblecito que, riente como halagador mimo, asentabas con
gracia coquetona a mitad de la falda de pintoresco colina, destacabase con
ademán pujante al recibir los rayos del sol, cuya caricia alentadora y vigorosa
parecía conceder vida y voluntad a su materia, como invitándole a descender de
su base y recibir en el parapeto de sus muros las caricias del mar.
Todo era alegría y en el
aspecto aldeano resplandecía la gala solemne de la gran fiesta que, sin
interrupción conocida, sucedíase de tiempo inmemorial manteniendo inconmovible
la persistencia de su tradición rancia e invariable.
Los jóvenes lucían sus
mejores atavíos ostentado en el rostro su vigoroso ímpetu y las mozas, lozanas
e ingenuas, avivaban los sueños de arrogantes mancebos, los que recibían sus
sonrisas como a flores desprendidas del rosal aromático que inundaban sus
pechos de esperanza y de luz.
Dorotea Lucientes que con
sus dos hijas huérfanas compartía resignada sus escasos recursos hubo de hacer
a cambio de múltiples privaciones una modesta economía con que poder atender a
sus pequeñuelas, la menor de las cuales aún permanecía en el periodo de
lactancia, cuya nutrición mermaba de un modo alarmante las energías de la
madre, mal alimentada y sobrada de penosos trabajos, los que unidos a su anhelo
de proporcionar un obsequio modesto como sincero a sus hijitas, conseguido a
costa de su manutención, tanto más obligada por su estado de nodriza, adquirió
una debilidad intensa que sus pequeñuelas, niñitas inocentes, de ningún modo
podían sospechar.
Con mucha anticipación a los festejos
repetía insistente la mayor de sus hijas:
Mamá, el día de la fiesta, que habrá feria, me
comprarás muchos juguetes y me llevarás con mi hermana a ofrendar nuestra
limosna en beneficio de los acogidos en el asilo provincial.
Si,
hija mía – murmuraba la madre con acento de amargura- ; os compraré cuando
pueda y no quedaremos sin visitar el sitio designado, donde entregaremos
nuestro modesto donativo; vuestra madre no os quiere privar de ese placer que
disfrutarán todos los niños, haréis la ofrenda y tendréis juguetes aún a costa
de mi vida que noto me abandona en precipitada fuga.
En estas manifestaciones
en exceso prometedoras para el deseo de las niñas, transcurrió el tiempo,
siendo interrumpidas con el advenimiento del día deseado donde principia esta
narración.
Dirigiose Dorotea a la
plaza del pueblo y con ese amor entrañable que late purísimo al pensar en los
hijos, adquirió diferentes juguetes, los cuales estaban en perfecta armonía con
relación a la edad de cada una de las niñas.
La menor de las hijas, que
por su corta edad aún no comprendía la importancia que para ella tenían
aquellos objetos, después de recibirlos sin mostrar ningún entusiasmo, terminó
por desecharlos con desgana, que tanto se diferenciaba del interés puesto por
la madre en adquirirlos para regalarla.
Cuando esto sucedía
apropiábase la mayorcita de todos los enseres que, en miniatura, representaban
lo imprescindible al complemento de un hogar y, con satisfacción amorosa en la
que destacaban ciertos ribetes egoístas, retirábase a lo más apartado de la
casa y distribuyendo en sitios diferentes los objetos, alternaba entusiasmada
en continuas distracciones infantiles que se diferenciaban alternativamente
según la clase de juguetes que manejaba.
La madre, con su pequeñuela siempre en el pecho,
proseguía a la mayorcita en todos los aspectos de su distracción y observaba
con alegría inmensa las diferentes fases de su hijita, la que abismada por
creciente embeleso adoptaba actitudes ya cómicas, ya serias, que inundaban a la
madre de emociones sublimes y frenéticas.
Interrumpió Dorotea a su
hija destruyendo el curso de sus juegos a la que advirtió ser llegada la hora
para asistir y entregar sus ofrendas.
Todo dispuesto y en unión
de numeroso público que, por su igualdad en pobreza, no podían hacer el
recorrido con la comodidad que otros muchos de sus convecinos hicieron a pie
los cuatro kilómetros que distaba el sitio de reunión. Así eran cruzados por veloces
automóviles, coches lujosos y toda clase de vehículos que sin preocuparse ni
advertir la marcha penosa de los peatones corrían felices hacia el lugar del
acto.
Dorotea, con su pequeñuela
en brazos y dando la mano a la mayorcita, consiguió poner fin a la penosa
marcha y arribó desfallecido junto a la mesa petitoria, depositando el humilde
donativo tanto le costara, a la vez que sus labios se agitaron acaso
estremecidos por dulce plegaria que imploraba por sus hijas, en cuyos
estremecimientos tomaría parte muy directa su estado colindante a la
extenuación.
Seguidamente inició su
regreso al poblado con mucha anticipación a los demás. Sentíase muy enferma y
en su retirada, a mitad del camino, notose atacada por un frio intenso
precedido de sudor copioso, zumbaron sus oídos con ruido poderoso de potente
motor, y al sentir sobresaltada que perdía la vida, gritó horrorizada pidiendo
auxilio o más bien protección a sus niñas y encogiéndose a ellas con amor
indescriptible, agitáronse sus miembros, sus fibras perdieron toda noción de
sentimiento, obstruyó su garganta un hondo suspiro y desplomose para siempre
violentamente estremecida por convulso estertor.
A su regreso, los primeros
romeros detuviéronse ante el trágico hallazgo, siendo precedidos por los
restantes que, si a su ida no pararon mientes en las protagonistas, a su
regreso detuvieron la carrera rendidos ante la tragedia que, a la vez,
suspendía los ánimos con el inevitable y seguro dominio de la muerte.
La muchedumbre poseída de
profunda piedad, humillose ante las huerfanitas, sentimiento que hubo de
intensificarse al contemplar a la mayor que con ojos de espanto lloraba por su
madre, en tanto la pequeñita, ajena a cuanto sucedía, debatíase gozosa sobre el
pecho helado y agitaba sus manitas de rosa buscando con boca glotona el seno
sacrosanto, estremecido por el contacto de la hija como una última ofrenda de
la madre muerta.










































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