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martes, 14 de abril de 2026

BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA VILLA - Avelino Fdez. Giménez - 1945


BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA VILLA

D. Avelino Fdez. Giménez


    Los orígenes de la Villa datan del siglo XIV. Los primeros pobladores informados de los privilegios y generosas franquicias otorgadas por el Infante D. Enrique acudieron presurosos a avecindarse en esta rica comarca que tanta prosperidad y esplendor hubo de proporcionar a la Orden de Santiago, de la que a la sazón era Maestre el citado Infante. La historia nos dice: “Una legua corriente arriba del Záncara y en los términos de la Encomienda de Vejezate, sitio denominado Socuéllamos y en una hondonada establecían sus humildes casas los primeros pobladores que, andando el tiempo, había de adsorber a las aldeas levantadas en sus alrededores.

    Así se inició la fundación de esta hidalga villa que, de aldea pobre, convirtiose en poco tiempo en pueblo rico y floreciente, declarando su justica en el año 1575 ochocientos vecinos y de los cuales existían Veinticinco Hidalgos. En el 1519 con ocasión de la Guerra de las Comunidades que tanto conmocionó a Castilla, fue destinada, por orden expresa del Emperador, una compañía de Suizos que, más que cumplir la misión que se les había encomendado se dedicaron a toda clase de desmanes.

    A todo este pillaje el pueblo reaccionó con las armas que culminó con la victoria de los Suizos merced a su número, armamento y mejor disciplina. Esta soldadesca extranjera hubo de cometer innúmeros actos de terror seguidos a su fácil victoria. No era bastante el arrojo, decisión y valor para dar cumbre a una empresa bélica, sino que eran precisos, además una disciplina, técnica y armamentos, de lo que carecía el valeroso vecindario de la Villa.

    En el transcurso de los años, siglos XVI, XVII y XVIII también infligieron al pueblo ciertas calamidades que soportó con estoicismo y resolución sin precedentes. El reiterado desbordamiento del Córcoles convirtió, en distintas ocasiones, el casco Urbano en inmensa laguna, que abonaban el campo para incrementar el Paludismo, ya de por si aterrador en la villa. De otro lado sus vegas y cosechas eran arrasadas por estas mismas corrientes que llevaron al vecindario a un estado caótico de los Fondos Comunales del Concejo.

    En la actualidad es uno de los pueblos más progresivos de la Mancha, la perfección y rapidez de sus comunicaciones, la urbanización de sus calles, que lo distingue de los demás pueblos manchegos, el perfecto trazado de las mismas, que, junto a su riqueza vitivinícola y ubérrimos campos de huerta testimonia el florecimiento de la localidad.

    Y en el orden Eclesiástico se introducen reformas valiosas en nuestra Iglesia Parroquial y Capilla, merced a la actividad y celo de las autoridades competentes.

    De entre sus hijos ilustres merece atención especial la figura excelsa del Dr. Fernando de Mena. Nadie más llamado a hacer su biografía que otro compañero de profesión que hace resaltar su admiración, y se inclina con gratitud y reverencia ante el recuerdo de esta figura cumbre de la medicina española. Mena nación en esta Villa, cursó los estudios en Alcalá y se licenció y doctoró respectivamente en los años 1543 y 1544. Catedrático de “Visperas” en 1545 y de “prima” en 1583 por brillante oposición en la Facultad de la Universidad de Alcalá de Henares que fundara el Cardenal Francisco Ximénez Cisneros en 1508. Pasó a ser médico de cámara de su Alteza el Príncipe, después Rey Felipe II. Decano de la citada Facultad y fundador de los colegios de San Damián y San Cosme para estudiantes de Medicina, bajo la dirección de tres sobrinos suyos. Felipe II le encomendó misiones delicadas en Flandes e Italia, donde dejó impresas parte de sus admirables obras. En Alcalá aún queda meritísimos legajos, fruto de su labor docente en aquella Universidad Complutense. Y con esta vaguedad de ideas doy por finalizada la biografía de este varón ilustre del siglo XVI.

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