1915
CARTEL DE TOROS Y FESTEJOS
A veces lo poco dice mucho. Este escueto cartel, por ejemplo, revela bastante. No solo es un trozo de papel, sino el testimonio de una de las dinastías más importantes del campo bravo español y de dos toreros que buscaban su sitio en la "Edad de Oro" del toreo (la época de Joselito y Belmonte).
La ganadería de D. Sabino Flores (El origen de los "Samueles")
Sabino Flores fue una figura clave en la familia Flores, radicada en Peñascosa (Albacete). Sabino era el abuelo de Samuel Flores, el ganadero que dio nombre a los famosos "Samueles". En 1915, la ganadería estaba en un momento de transición y prestigio, criando toros con mucha presencia (trapío) y cornamentas imponentes. En esa época, sus toros mantenían la Casta Jijona, conocida por su pelaje colorado y su bravura encastada. Que Socuéllamos trajera toros de los Flores en 1915 indica que la feria tenía un presupuesto y un nivel de importancia considerables.
"Alvarito de Córdoba" y "Almendro"
En 1915, el toreo estaba en su máximo apogeo. Estos dos nombres eran "novilleros punteros" que buscaban la alternativa para ser matadores de toros:
Antonio Álvarez ("Alvarito de Córdoba") era un torero con el sello de la escuela cordobesa: sobrio y elegante. Se le conocía por ser muy valiente y por tener una conexión especial con el público. En 1915, año del cartel, estaba en su mejor momento como novillero, recorriendo las plazas más importantes de España antes de dar el salto definitivo.
Vicente Aznar ("Almendro") era un torero valenciano (aunque el cartel no lo especifica, así se le conocía en los registros de la época). Su estilo era más atlético y variado. El apodo "Almendro" era común en las familias de toreros de la zona de Levante.
Curiosidades del Cartel
La Banda de Música: El cartel presume de traer a profesores de la Real Banda de Alabarderos y del Teatro Real. Esto no era algo común en un pueblo; era un lujo absoluto. La música en una corrida de 1915 era tan importante como el torero mismo.
El precio del "Palco": 15 pesetas por dos días era una pequeña fortuna para la época (el salario medio diario de un obrero podía rondar las 2-3 pesetas). Era el lugar de la burguesía local y los terratenientes.
Carreras de Burros y Cucañas: Estos festejos populares, mencionados al final, eran la esencia de la fiesta del pueblo. La "carrera de burros al gana-pierde" era una competición cómica donde ganaba el último en llegar, lo que obligaba a los jinetes a usar ingenio para que el burro no corriera.
Es un documento que muestra a un Socuéllamos próspero, capaz de contratar a la mejor ganadería de la zona y a músicos de la corte de Madrid.
Al final una nota curiosa hace pensar sobre el comportamiento del personal en este tipo de eventos. La advertencia es, cuando menos, curiosa. "Se prohíbe bajar al redondel y estar entre barreras, como igualmente arrojar objetos que puedan molestar a los lidiadores".










































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